La capital financiera del país esta semana es un pueblo a más de 300 kilómetros al norte de Mogadiscio. Los fuegos artificiales para celebrar la inyección financiera son los disparos de los kalashnikov. Hisri Ahmed, un pirata, dice que es su manera de que todos se enteren de que hay mucho que festejar. Al ritmo de la desmesurada celebración, los jóvenes muestran abiertamente su deseo de incorporarse a las filas de los piratas. “Sé nadar y disparar. Quiero ser uno de ellos”, dice un muchacho.